Ausencias
Después de algunas semanas nadie invoca tu partida, no tienen la mínima intención de contemplar mi dolor. Así suelen ser los ritos de duelo en esta sociedad, lo que seguramente nos podría llevar a pensar que nunca les interesó mi frustración e inexistencia material, todo hizo parte de una ceremonia engañosa que se destiñe con la propia muerte.
Aunque no me escuches te confesaré desde mi inconsciente devastado, todas las veces que recreé tu presencia en mis rutinas, ante eso nunca sobrevivió el pensamiento de tu destello volátil, esa imagen nunca fue nítida en mi mente. Sin embargo, hoy la desolación es inminente, llevándome a una condición extenuante que me hace recordar aquel día con sus horas exactas. Era la voz frágil de aquella mujer la que pronunciaba lo impronunciable, la misma que por décadas te sufrió y en aquel momento solo quedó recogida en sonidos entrecortados.
La ingenuidad conjugada con el incrédulo espíritu de mi ser me hacían preguntarme por tu cuerpo inerte, exhibido como se exhibe cualquier elemento exótico en los museos. Tus ojos cerrados como en una noche de frío, pretendiendo mostrar la tranquilidad debajo de una camisa que nunca usaste, me pregunto si somos una cosa material que se muestra sin estupor cuando dejamos de respirar.
Somos unas máquinas deambulando en un mundo cronometrado y diseñado para repetir ciclos, para acostumbrarnos a lo inusual. Somos un circo que repite frases vacías, como aquellos ‘lo siento’ que de manera regular escucharía por más de una semana. ¿Qué sentían? ¿Sentían mi dolor? ¿Sentían el fastidio y el odio que gobernaban mi cerebro en esos instantes? ¿Acaso ellos veían en mis ojos la oscuridad miserable en la que me habías dejado?
Oye, ¿qué es la muerte? Tal vez solo sea el encuentro nefasto con aquello que siempre callaste, negaste u ocultaste. Tal vez solo sea el momento donde comprendemos que el tiempo se nos pasó y nuestras palabras quedarán sepultadas para siempre en nuestro interior, en el rincón más solitario que produce la nostalgia. ¿Dónde estás? ¿Dónde es tu lugar ahora? ¿Te encuentras en el pez que ayer observé muy saltarín en el lago? ¿Vives en los ojos de la mujer que lloraba hoy en la mañana? ¿Vives en mi mente que te ama bajo la manta de una sensación indescriptible? ¿Acaso eres, brillantemente, aquella estrella falsa que observé en la noche? ¿Has vuelto por fin al magnífico cosmos que te vio nacer?
Mientras tanto sigo aquí, con tanta vida por vivir en tu ausencia.

Comentarios
Publicar un comentario