Una carta a Theo
Querido Theo,
Me has pedido que te escriba sin
interrupción durante el tiempo que pase en esta esquiva ciudad, de seres
inertes que danzan en el anonimato. Sin embargo, comprendo que mis letras
aumenten tu desesperación abierta por este mundo que ha cegado tus ojos como tu
alma.
Mi salud no ha estado bien en estos
últimos días, la tos me retiene cada noche cuando intento reconciliarme con el
silencio de mi mente, y me temo que todo ha sido producto de este aire
enfermizo de color gris que altera mi sistema respiratorio. De un momento a otro
la propia naturaleza se nos ha convertido en una cruz, que por supuesto
nosotros mismos seguimos posibilitando. Hay quienes pueden comparar las
prácticas nocivas con la naturaleza desde una casa familiar con las de una fábrica,
pero no sería justo comparar nuestra insignificante huella en este planeta con
las consecuencias de industrias enormes, tan inhumanas como el inútil señor
Esquivel, tan parecidas a todas éstas que tengo a mi alrededor en estos
momentos.
Pienso que los señores del poder impulsan
éstas analogías que nos mantienen en vilo a todos, culpables absolutos de unas
realidades de las cuales indirectamente somos cómplices.
Ya sabes bien que he perdido el interés
por la vida real, lo que me lleva a refugiarme en las letras de otros para
seguir en una conexión cuestionable con el mundo. Entre tantos que he leído, alguna
vez repasaba a un teórico en mis tardes libres al lado de una botella barata de
ron, entendiendo a través de sus palabras que las prácticas de la ecología
moderna y del control ambiental deben verse como una articulación de la
biopolítica, porque se originan en la preocupación subyacente de administrar
las relaciones continuas entre nosotros Theo, y los recursos.
A pesar de
entender esto sigo viviendo (al igual que todos) en una frustrante
naturalización, no solo nos controlan las formas de relacionarnos con una
planta, con la basura, con un árbol, con el agua, con los animales, no. Eso no
les basta, controlan incluso las relaciones entre nosotros, Theo. Quizás la
forma en la que te amo haya sido configurada por otros, no nació de mí. No
inventé una forma para amarte que te hiciera feliz o desdichado, solo venía
implícito en el amor. Un extraño sentimiento que nos vuelve necesarios para dar
y quitar, tal vez sea muy similar a la forma en la que podríamos o no amar a la
naturaleza.
…
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