Una mamá, un ser extraño
La vida es de los misterios más
asombrosos de la humanidad qué para algunos es la simple imposición de un ser
superior y para otros es el enigma más grande de la ciencia. Pero con estas
letras no quiero afrontar esa discusión que en ocasiones se vuelve estéril, solo pretendo referirme a quienes por la inesperada perfección del azar cósmico pueden
darnos la oportunidad de respirar caminando hacía la realización de nuestros
sueños, o el fracaso de los mismos, y esas son las madres.
La inmensa naturaleza nos
muestra a través de las mujeres (humanas) y las hembras (no humanas) el extraño e íntimo universo de la maternidad. Es extraño porque parece algo perfecto, que aunque por supuesto ha sido una imposición para muchas, no deja de ser un fenómeno enigmático, y en ocasiones hermoso y radiante. Las
madres son como unos seres irreales que me generan respeto porque todavía no comprendo cómo pueden soportar tanto dolor al parir, cómo se sacrifican a diario, y cómo envejecen entre las frustraciones causadas por las malas decisiones de los hijos e hijas. Todas esas situaciones me producen sensaciones contradictorias, me producen molestia, pero también una suerte de nostalgia, de afecto y de gratitud hacia varias mujeres, en especial por la mujer que me trajo a este mundo y que sin pedírselo me ha dado
sin límites sus fuerzas diarias.
Conozco muchas madres, la mía, por ejemplo, una
mujer valiente que desde pequeña tuvo que afrontar las injusticias e incertidumbres de un país sumido en la pobreza. Ella es un ser humano que bordeado de
profundo amor ayudó a su propia madre, a sus hermanos y entregó su corazón a
un hombre con quien, por fortuna, le dio la vida a mis hermanos y a mí. Conozco las madres que tengo por tías, mis primas, las madres de mis amigas e incluso mis propias amigas; y debo admitir que tengo una profunda admiración por sus actos, porque a veces parecen ser como rocas que no se mueven ante ninguna adversidad para sostenernos, ellas son las
oficiantes del afecto y la nobleza, quienes como un buen sembrador airadas de
paciencia comienzan la siembra con un suave esmero.
Las madres son una figura fundamental en nuestra existencia, son insustituibles y claro que lo expreso desde mi experiencia como hija. Por esa razón, por lo valiosas que son creo que el ser madre debe ser una elección rotunda, única,
incuestionable, no impositiva y completamente autónoma; porque ser madre también puede representar un lastre para la existencia de la mujer, puede ser una carga que pesa profundamente y que para algunas es una condena de por vida. Hay madres grises que no lograron volar con el nacimiento de sus hijos e hijas. Ser madre, entonces, no puede ser el final de una lotería llamada vida o una jugada de disciplinamiento de los estados, debería ser un plan, un trazo arduamente pensado.
Un día como éste
carece de todo sentido para esas madres que eligieron serlo por convicción, pues no existe un día de la madre, no hay un solo día para que ellas destiñan su vida
por nosotros y nosotras, ellas lo hacen a diario y en últimas esa situación no debería ser recurrente, todos los días a la larga son de ellas desde que
nacemos. Todos los días los adornan con sus cualidades, y claro que también con los defectos que tanto odiamos por momentos. No hay años, tiempo ni relojes para ellas. Es por eso que al igual que
Meira del Mar yo también recuerdo, y recordaré, su
oficio de ser tiernas y finas como el aire.
Hay quienes dicen que el arquetipo del amor es una madre y su hijo en brazos. Es un bonito texto.
ResponderEliminarGracias por leerlo y por el comentario, no lo había visto. Entonces elegí bien la imagen del texto :)
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