A cien mil años luz de las sensaciones terrenales
“Convoy espacial
¿Qué tan lejos nos llevará?”
GAC
En playas con relojes de luna desapareces de repente, como si
no existiese lo palpable del tiempo en ti, como si esta magia nuestra fuese
infernalmente dispareja.
Nace la hermosa verdad de ser cómplice en tus escapes
diarios, donde dedico segundos perpetuos para crear imágenes que logren dibujar
las mil alucinaciones que produces en mí. Te quiero como se quieren a los seres
de colores y olores diferentes. Te quiero como se quiere el horizonte que te
abriga de incertidumbres especiales.
Cuan terrible la promesa de no haberte encontrado, desfalleciendo
en la nebulosa extinguida para vivirte. Por eso salto de estrella en estrella,
disfrazando la realidad con lo que provoques en mí. Hallando lugares de colisión,
donde lo posible nos grite y no exista la gravedad de las ataduras vigentes.
Me aferro a todo cuanto pueda hacernos sentir vida. Desde los
silencios cargados de ruidos, hasta un beso con sabor a cielo y abismo. Desde
los abrazos de mar en ese cielo con brotes de penumbra y caprichosos luceros de
color azul con bálsamos de placer.
Rayas sutiles para inventar este choque. No hay control
racional que impida comprender nuestros rumbos. Son creados por el mismo pincel
que duerme en la locura. Manchas, por doquier, de insensatas lógicas deseables
e inexplicables seguridades eufóricas. Estamos a cien mil años luz de las
sensaciones terrenales.
Heme aquí, dispuesta como el propio cosmos a un viaje
espacial, tan duradero como el suspiro andante y eterno del big-bang.
Te quiero bajo la luz misteriosa de la palabra y la curva
perfecta de tu onda labial. Recorriendo tu mirada con brillo tentador, para
iluminar los acertijos diarios y hacerlos cada vez más, míos.
Aún tengo el sol para besar tu sombra. Inventando la luna, explotar
lo terrenal, besarte desde el sueño sublime.
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